La Sierra de la Camorra es un macizo calizo que domina un excelente paisaje del Guadalhorce. Con un diámetro de cuatro kilómetros y una altitud de 790 m.s.n.m., está vinculado visual e hidrológicamente con las cuencas del Guadalhorce y con la del Guadalquivir a través del río Genil.

Posee una magnifica situación que tuvo que facilitar una rápida ocupación humana en fechas muy tempranas, por desgracia no documentada, como espacio de paso y uso obligado, punto de encuentro, transformación de materias primas y de habitabilidad a lo largo de toda la Prehistoria. Esta situación, privilegiada sobre un medio físico muy distinto al actual, se ve reforzada por unas características geológicas que posibilita la existencia de numerosas cavidades, unas cincuenta, algunas de ellas con registros arqueológicos: cueva del Cráneo, Perales I, La Higuera, Porqueros, Capuchina, Goteras, Almirez y Órganos.

Su entorno más cercano se caracteriza por la abundancia de zonas endorreicas que tuvieron que marcar las diversas actividades de los grupos humanos y su relación con el medio biótico. La presencia de la Laguna de Fuente de Piedra, El Gosque, las Lagunas de Campillos, La Ratosa, la desaparecida de Herrera y otras desconocidas en la actualidad, caso de la del arroyo Albina en Sierra de Yeguas o amplias zonas del río Almargen y de la Venta, son las últimas de un gran sistema que contribuyó, probablemente, a un establecimiento temprano del ser humano en un medio físico desaparecido.

La ocupación humana, según las investigaciones del siglo pasado, se inicia en época neolítica y está documentada en los cavernamientos de la sierra ya mencionados. El macizo calizo es propicio, por sus dimensiones, situación y configuración, a una intensa actividad humana sobre los numerosos recursos y materias primas en su entorno más cercano, con una excelente configuración para actividades de caza, domésticas, de recolección, de pesca, de producción de útiles e incluso de apropiación simbólica-cultural. La antropización de la sierra en época prehistórica culmina en el Calcolítico con evidencias pertenecientes al campaniforme.

Hay que resaltar el escaso conocimiento sobre una ocupación Paleolítica y de la Prehistoria Reciente en sus cercanías, lo que contrasta con una nutrida presencia de recursos líticos en la misma sierra y en la cercana de Humilladero. Los conocimientos actuales muestran a la sierra de la Camorra como una auténtica “isla” en la ocupación prehistórica de esta parte del Guadalhorce con una elevada densidad de yacimientos arqueológicos.

Esta situación propicia reflexionar sobre la importancia que adquieren los registros paleolíticos de la Estación de Bobadilla, alguno más disperso y los documentados en la zona occidental de la cuenca media del Guadalhorce; caso de los valles del Guadalteba y Turón. Todo ello pudiera, todavía sin definición clara, estar sujeto a mejores oportunidades para la captación y transformación de los recursos naturales.

En este sentido, hay que destacar el número considerable de útiles alóctonos localizados en el Abrigo de los Porqueros y que indicaría la movilidad de grupos semisedentarios cuya impronta quedó reflejada en la roca de la sierra por las agregaciones pictóricas de pintura esquemática. Esta manifestación artística es un elemento más que incide en la importancia del lugar para estas comunidades en época holocena, con un incremento significativo de registros de arte rupestre en esta cuenca Media del Guadalhorce.

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